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04/12/2022  

Una feminista en la cocina

Formalidad

Se nos va Isabel, se nos va Javier Marías y las ganas de vida nueva a charcos resecos

Publicado: 16/09/2022 ·
08:20
· Actualizado: 21/09/2022 · 12:49
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Autor

Ana Isabel Espinosa

Ana Isabel Espinosa es escritora y columnista. Premio Unicaja de Periodismo. Premio Barcarola de Relato, de Novela Baltasar Porcel.

Una feminista en la cocina

La autora se define a sí misma en su espacio:

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Londres.

Ya ni el tiempo la tiene; Ni la lluvia, ni el calor, ni los irreverentes veraneantes. Ya se han ido todos y tocaría temporada de otoño. Pero lo mismo lo que tocan es a muerto. Se nos va Isabel, se nos va Javier Marías y las ganas de vida nueva a charcos resecos de mojada que no caló, porque las añoranzas son muchas y las satisfacciones pocas. No sé cómo no se me atrofian los dedos de no estar con ustedes este verano infernal con calores inaguantables y playas hormigueadas de sombrillas y humanos. No sé cómo el cerebro no se me desarruga de lo poco que lo uso. No sé cómo sigo siendo yo, con lo poco que me quiero.

Ya nada es formal, ni se acoge a derecho. Ni la lluvia que ahoga o reseca, ni los fuegos que matan, ni los huracanes. La gente- en cambio -sí se acoge a lo sagrado de vacaciones y otras parrandas efímeras que colgar donde a nadie interesa más que al pobre bobo que adolece con algún comentario al gusto. Shein sí que inspira con sus comentarios con fotos de clientes satisfechos. Hace patria virtual enseñándote que hay otros que están mucho peor que tú y aun no se han enterado. No es la apatía que precede al otoño. Tampoco el regreso a la rutina. Ni puedo excusarme en la soledad obligada con gente a mi diestra y siniestra. Es existencialismo en batidora de aliexpress y que los gemelos cumples dieciséis. No es más que una edad, la de ellos, porque la mía se empieza a contar en números romanos. Cúlpenme a mí, que me dio por parir con cuarenta y ahora en vez de jubilarme tengo que planear pagar universidades y másteres. No tienen culpa ustedes, mis sufridos, que ya tienen las suyas propias, pero aquí estamos ustedes y yo otra temporada (si nos dejan) para abrazarnos, odiarnos o tirarnos cascotes que de todo hay en la viña del señor y entre parrafadas insignificantes. No soy de muchos números, dentro de nada tampoco de muchas letras, que para epitafio bien vale una fecha y una buena tierra. Todo me vale, nada me llena, porque mis hijos no paran de pelarse hormonados como gladiadores romanos a punto de combate por su supervivencia. “Paciencia” te dicen cuando eres bisagra de jóvenes y padres ancianos. Yo lo llamo de otra forma menos literaria que Infierno en la tierra o el día del juicio final, pero ya me conocen no soy precisamente Blancanieves. Menos mal que ustedes me quieren.

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