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Martes 17/05/2022  

Una feminista en la cocina

Ajuste de cuentas

Tampoco las diosas primitivas ligadas a mujeres rellenitas y fecundas tenían nada que ver con esas jovencitas de “la Isla de la Tentaciones” que llaman libertad

Publicado: 21/01/2022 ·
09:44
· Actualizado: 21/01/2022 · 09:57
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Autor

Ana Isabel Espinosa

Ana Isabel Espinosa es escritora y columnista. Premio Unicaja de Periodismo. Premio Barcarola de Relato, de Novela Baltasar Porcel.

Una feminista en la cocina

La autora se define a sí misma en su espacio:

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La isla de las tentaciones.

Si la Humanidad hubiera puesto sus ojos solo en los dioses terrenales, lo mismo no estábamos en éstas. El Sol, la Luna y las  Estrellas no tenían punto de comparación con esos dioses humanizados llenos de soberbia, muerte y venganzas. Tampoco las diosas primitivas- ligadas a mujeres rellenitas y fecundas- tenían nada que ver con esas jovencitas de “la Isla de la Tentaciones” que llaman libertad a hacer lo que les da la gana. Hemos descendido en la escala evolutiva porque nos han robado la esencia sin que nos demos cuenta. La Tercera Guerra Mundial se nos ha pasado sin notarlo, envueltos en imágenes y pixeles que nos entretienen como a los romanos el circo.  Ahora no hay sangre más que en las pelis de terror porque los vagabundos son recogidos a pala, para llevarlos a un lugar donde su invisibilidad se hace eterna. Los muertos en los ajustes de cuentas son noticia de cabecera, porque a los sanitarios les tratan de miseria, habiendo pasado de héroes a quejicas.

No tenemos reciclado de empatía, no hay más que desechos de lo que fuimos... de las pirámides con esclavos, de los faraones enterrados en arena, de los dioses que pisaron esas mismas arena descalzos y de esa Humanidad que solo sabe orinarse y defecar en todo lo que se menea. No es que haya empezado mal el año, ni que esté de mal humor,  es que todo sigue exactamente igual que cuando Aurora se pinchó la yema del dedo, con malezas, gente dormida y una dragona furibunda quemándolo todo. Si la Humanidad no se mirara tanto las pelusas del ombligo, lo mismo vería sus propias legañas al compararse con lo infinito y perecedero del Universo.

Deberíamos estar agradecidos de estar aquí, de ser una mota de polvo en una esfera, pero solo veo gente triste con ganas de pelea como hormigas brasileñas que devoran y matan a todo lo que se menee delante de ellas. El Covid no nos ha hecho ni más libres, ni más fuertes, ni mejores. Solo nos ha quitado las caretas. Nunca más volveremos a ponérnoslas. No esas. La separación obligada nos ha hecho desconfiados; la enfermedad en sí, egoístas; La falta de amor verdadero nos ha regalado corazones de piedra como el de aquellos dioses que en su Olimpo sentenciaban el futuro de la Humanidad con un chascarrillo divertido que secundarían en cualquier debate televisivo actual, sin que les importara nada más que seguir con su puesto en esa burbuja instantánea.

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