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Lunes 21/06/2021

Una feminista en la cocina

Culos obstinados

Igual que los tres aventureros que se tiraron al mar en Argel en un kayak en busca de mejorías para sus cuerpos

Publicado: 05/05/2021 ·
08:41
· Actualizado: 05/05/2021 · 15:31
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Autor

Ana Isabel Espinosa

Ana Isabel Espinosa es escritora y columnista. Premio Unicaja de Periodismo. Premio Barcarola de Relato, de Novela Baltasar Porcel.

Una feminista en la cocina

La autora se define a sí misma en su espacio: "Soy un cajón de sastre anímico. Así que cógete a lo que puedas, porque vienen curvas"

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Podría parecer que escribir es una bicoca, pero ya les digo no. Igual que los tres aventureros que se tiraron al mar en Argel en un kayak en busca de mejorías para sus cuerpos y de los que no se sabe nada, éste es un oficio ingrato que se hace más por voluntad y paciencia que por dispendios de ningún tipo. Es mucho más fructífero esperar a la puerta de una iglesia vendiendo bulas de ciego, que esto. Es mejor esconder billetes del club de alterne bajo la tarima del yacusi y que te los incaute la brigada respectiva,que esto. Es mejor lamerse los bajos en una plaza soleada, siendo perro de nadie, que esto. Porque esto es tortura china de Tántalo, episodios de psicosis alternativa y una serie de impotencias y frustraciones que darían para mucho más que estas líneas amargadas.                                                                                                                                

Libro.

Lo mismo me va a bajar la mala hostia tan socorrida que nos llena a todos cuando el vecino nos jode, la suegra nos empala o la pareja nos la pega con lo que se menee. No es mi caso, pero podría. En esta vida no se sabe. Ese el problema porque los videojuegos son previsibles, las series también, y algunas personas ni les cuento. Lo malo es que la zorra de  la vida es agraciada y veleidosa, simpática y optimista y solo te deja ver caras guapas hasta que te tiene bajo sus botas, para luego darte tarángana de golpiza que te parte la cara dejándote laxo de ganas. Será eso lo que me baja, la ictericia de la bilis amancebada, de aguantarme los chillidos, de sofocarme los llantos, de dejarme ver fuerte y precisa, una máquina del destino que llevarse a la cara y que no te afrente con debilidades porque hasta la Gloria de Dios harta y las viudas somos pegajosas y escurridizas y no nos duele tanto, nada. Será la inquina, el desahogo, la mudanza o el despelote. Será que el alma se me expande y el cuerpo se me encoge. Será la obstinación en respirar mientras el cuerpo aguante. Sera el debatirme en duelo con mis fantasmas inmortales. Sera que soy Quijote de unas pocas horas y de muchos minutos. Será que cambia el tiempo y no se sabe si es verano o primavera o invierno, pero nunca otoño. Lo mismo es que se aproxima mayo, un mes maldito para quien sepa, de desgracias y de desmanes, de muerte de gente buena y de comienzo de tortura para seres desgraciados que no saben qué hicieron mal,  más que escribir a destajo.

Porque mi padre dijo un día que lo mismo recalcando aprendo. Pero va a ser que no, que lo de Umbral era pura arte y lo mío puro cuento. Estoy abotonada, esmirriada de mente, expendedora de carnes, obtusa de ideas y frenética de impotencia, frustración y rabia. Será que no puedo ser como el resto de los mortales… poesía para los oídos, tranquilidad para los cuerpos, metiéndome en un corsé y aligerándome el tiempo. Será que no puedo, será que no quiero. Sera que no soy, simplemente eso. Para pervivir en esto, hay que tener el culo enmarcado en un sillón frente a un monitor en banco que repele letras negras,  que se asquea del Word y que ni piensa, ni siente, ni se menea. El ahí, en su blancura, indómito e ingobernable, frente a ti, desgraciada alma que te crees que podrás vulnerarlo. Pero no, porque solo las nalgas preceden la dicha, solo ellas acongojadas, apretadas contra el skay y soportando gélidos invernales y gasificantes agostos, son las que te llevarán a la gloria de publicar tus designios hilarantes.

Los dedos se te atrofiarán antes que las nalgas que solo se engordan a modo de infamia. El cerebro nunca fue el máximo exponente de tu gloria, así que como en una rotonda das vueltas de pato en balde, a la espera de que el tonto de la escopeta acierte. Estoy harta de que me inviten a saraos a los que nunca quise ir ni por asomo. Moriré carbonizada por mis propios jugos, por esta furia que ahora me sustenta, por este rencor aciago a haber perdido la vida en estas letras, tan patéticas que ni para limpiar nalgas ociosas valen.

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