EEUU aprueba el controvertido 'Proyecto Willow'

Publicado: 29/05/2023
En los próximos años el ser humano se enfrentará a decisiones trascendentales para el bienestar de la próxima generación sobre el planeta...
Alaska, uno de los lugares del mundo en donde más se aprecian y se hacen sentir los efectos del cambio climático, acaba de embarcarse en un nuevo megaproyecto petrolero, contribuyendo así a aumentar la producción de combustibles fósiles, base de nuestra economía energética actual y factor principal responsable del calentamiento global.

El polémico proyecto Willow, aprobado por el gobierno de Joe Biden el pasado mes de marzo, prevé la extracción de 600 millones de barriles de petróleo en la Reserva Nacional de Petróleo de Alaska, concretamente en la remota zona de North Slope, una de las mayores zonas de territorio virgen de Estados Unidos, ubicada a unos 300 kilómetros del círculo polar ártico y hábitat de diversas especies en situación crítica de conservación como ballenas, focas, osos polares y otros animales salvajes.

Tras el claro abandono de las políticas conservacionistas evidenciado por Donald Trump, el actual presidente defendió en su candidatura un discurso en el que se daba absoluta prioridad a la actual situación que sufre el planeta, reincorporándose al Acuerdo de París y prometiendo convertir a EEUU en líder mundial en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, su línea política ha dado de repente un giro completo al dar luz verde a este proyecto. La necesidad de lograr una independencia energética a corto plazo parece ser una razón más poderosa que la conservación de un área con un incalculable valor ecológico.

Si dejamos a un lado los rendimientos económicos y energéticos inmediatos, la huella ambiental del proyecto va a ser palpable a largo plazo. Durante sus 30 años de vida útil, se estima que generará unos 280 millones de toneladas métricas de CO2, lo que equivale a incorporar cada año dos millones de automóviles de gasolina a las carreteras de EEUU, de acuerdo con estimaciones de la Oficina de Administración de Tierras de ese país.

Los principales grupos ecologistas se han posicionado rápidamente en su contra, ya que consideran esta medida como un claro retroceso en la lucha contra el calentamiento global.

Advertencia

Su aprobación, además, llega en un momento en el que la Agencia Internacional de Energía ha advertido a los gobiernos para que traten de evitar los efectos más catastróficos del cambio climático dando prioridad a nuevos proyectos similares al programa REPoweR, una iniciativa de la Comisión Europea que busca incentivar la producción de energías renovables para acabar con la dependencia de los combustibles fósiles en 2027.

Entre los muchos impactos ecológicos que podría acabar generando este proyecto podemos destacar la liberación de millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero, alteración de los ciclos de vida de los organismos de la zona, posible contaminación con petróleo sobre los lugares de perforación, impactos en la calidad de vida de la población humana local y la prolongación de la dependencia a los combustibles fósiles.

Pese a ello, Willow contó con el apoyo unánime de la Cámara de Representantes de Alaska, de los legisladores de ambos partidos que representan ese estado en el Congreso de EE.UU., de la mayor parte de los grupos indígenas de ese estado, así como de los sindicatos, atraídos ante la oferta de una fuerte inversión local y la creación de miles de empleos.

Detrás de estos respaldos reside la larga y compleja relación de Alaska con el sector de los hidrocarburos y la poderosa compañía Conoco Philips, relacionada anteriormente con otros proyectos controvertidos con el medio ambiente como los derrames de petróleo en el mar de Boahi (China) en 2011, en la desembocadura del río Nanay (Perú) en 2012 o Venezuela en 2018.

En 1855 el jefe indio Seattle de la tribu Suwamish escribió una carta al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce en respuesta a la oferta de compra de las tierras de los Suwamish en el noroeste de los Estados Unidos. Sus palabras son consideradas como la declaración más hermosa y profunda que jamás se haya hecho sobre la relación entre el ser humano y el medio en el que vive.

“Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, nos daremos cuenta que no nos podemos comer el dinero.”

Si somos tan necios de dar prioridad a nuestra riqueza y bienestar a corto plazo, corremos el riesgo de poner en entredicho el futuro de las generaciones venideras. Como seres racionales, tenemos el deber y la responsabilidad de dejar un mundo a nuestros hijos con, al menos, las mismas posibilidades y recursos que el que recibimos de nuestros padres.

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