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Viernes 25/06/2021

En román paladino

Reivindicación de la experiencia

Casi nadie lo esperaba con Biden. Aire fresco en 100 días

  • Biden.

Cuando  un político llega a la poltrona  se ve rodeado de los profesionales del agasajo y la lisonja -que nunca son los más leales- y comienza a escuchar la bondad  de su gestión. Buena parte cae en la trampa, los de más experiencia, no. Saben que han llegado para una misión. No padecen adanismo -como si nada  bueno hubiese sucedido antes-  y cada mañana  no descubren el Mediterráneo. Biden, el presidente americano, quizá porque  se ha llevado toda su vida en la política a los 78  ha llegado  sobrado de honores y de   alfombras mullidas,  ha decidido apartarse de lo habitual y dedicarse a transformar su país. Empezando por la pandemia, tras suceder al negacionista Trump, retomando los lazos con Europa, continuando con medidas estrictas con el cambio climático y con un plan de modernización de las averiadas infraestructuras norteamericanas.  Pero donde se ha empleado a fondo ha sido con su programa contra la pobreza y una inversión equivalente al 30% del PIB norteamericano  -seis billones de dólares- para darle la vuelta al país, modernizándolo.

Mientras que el retirado golfista en Miami siga teniendo prisionero al Partido Republicano -porque sin Trump, el partido se divide y con él, sin ningún cargo, los representantes en las cámaras no saben si serán desautorizados-  el partido no puede plantear otra estrategia que oponerse al demócrata en la subida de impuestos a los ricos  (a los que ganan más de 400.000 dólares al año) y a las grandes compañías que no se han visto afectadas  en nada por la pandemia.

Hay quien ha visto en el plan de Biden un guiño para las economías mundiales de corte liberal. China avanza con su sistema de capitalismo de Estado o controlado por el Estado -se quiera llamar comunista o al gusto de sus dictadores-,  Rusia aprovecha su extensión para afianzar sus zonas de influencia, como si  se estuviese preparando siempre  ante un ataque de la OTAN,  mientras aplasta a su oposición interna en plena carestía de la vida y la UE -faro indudable de las libertades en el mundo-  tarda demasiado en reaccionar y tomar decisiones valientes por sus contrapesos internos. Si Biden logra lo que ha propuesto en su discurso a las cámaras, reunidas en Congreso,  se pondrá en la estela de los grandes presidentes. Casi nadie lo esperaba. Aire fresco en 100 días.

 

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